El Otro Lado

Decía ayer que internet nos ha dado un megáfono a cada uno y lo estamos utilizando sin medida. Creo que me quedé corto, además de un megáfono nos ha dado un tenderete de venta y los estamos utilizando sin medida.

Internet se ha convertido en un gran mercado donde todo el mundo vende algo: un producto, trabajo, información, conocimientos, ideas, contactos, su imagen… No son ventas tradicionales, muchas veces la contrapartida no es económica sino reconocimiento, notoriedad, relaciones, experiencia…

Es difícil obtener datos reales pero sospecho que en muchos casos las previsiones de ‘ventas’ no se están cumpliendo. En parte es un problema de cantidad: Hay más community managers que empresas, más expertos en marketing que productos, más productos que consumo, más periodistas que prensa, más arquitectos que obras…

Pero también es un problema de foco. Hay demasiada gente pendiente del “qué vendo” en lugar de pensar en “qué me están comprando”. Y en un intercambio ambas cosas nunca coinciden.

  • Un arquitecto piensa que le contratan por sus edificios, en realidad lo hacen para dar forma a un sueño.
  • Un creador piensa que le contratan por sus diseños, en realidad lo hacen para que invente una nueva forma de pensar.
  • Un gestor piensa que le contratan para dirigir, en realidad lo hacen para que consiga que no haya problemas.
  • Un asesor piensa que le contratan por sus consejos, en realidad lo hacen para traspasarle la responsabilidad de la decisión.
  • Un gurú piensa que le escuchan por su sabiduría, en realidad lo hacen para ser como él.
  • Un político piensa que le votan por sus ideas, en realidad lo hacen para que consiga un mundo mejor.
  • Un gimnasio piensa que vende por sus instalaciones, en realidad lo hace por acercarnos a la belleza.
  • Una agencia de viajes piensa que vende por sus ofertas, en realidad lo hace por permitirnos ser otra persona durante 5 días.
  • La lotería piensa que vende por los premios, en realidad lo hace por hacernos soñar mientras llega el sorteo.

Siempre hay una gran distancia entre el que ‘vende’ y el que ‘compra’ pero en internet esa distancia es mucho mayor: no nos conocemos y no sabemos quién está ahí. Lo que sí sabemos es que al otro lado hay mucha gente y surge la tentación de ofrecer nuestro producto confiando en que gustará a alguien. Es una opción, pero hay una forma más atinada de llegar a los demás.

La clave está dentro de ti, utilízate como patrón de calidad. Muchos productos de éxito nacieron porque sus creadores los hicieron para ellos mismos. No vendas lo que tú mismo no comprarías. No publiques lo que tú no leerías. No recomiendes lo que tú no usarías. Piensa desde el otro lado y ofrece lo que a ti te gustaría que te ofrecieran.

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